Por Zenaida Joachin
Para muchas personas e incluso para algunas feministas, pareciera que la lucha que muchas mujeres estamos dando por la defensa del derecho al agua, no es estratégico, y es visto como poco trascendente. No esta tan claro en dónde, en qué, cómo y por qué nos afecta la privatización. Frente a estas dudas, es preciso ubicar cuál es la situación de las mujeres ante tal problemática.
El sistema patriarcal ha configurado para mujeres y hombres una manera de estar en el mundo, a partir de esta lógica impuesta, a las mujeres se nos asignan casi de manera exclusiva las responsabilidades del trabajo doméstico, y es precisamente desde este rol es que tenemos una estrecha relación con este vital recurso; lo que conlleva a posicionarnos de manera diferente que a los hombres en la relación con el agua. Las mujeres nos relacionamos con el recurso agua tanto en el acceso, el uso y el control del mismo, desde diversos roles, como usuarias, como agricultoras, como amas de casa, como madres (acceso y uso), como administradoras del recurso desde los comités de agua (control, aunque aún es muy baja la participación).
Al hablar de privatización es claro que esto genera un aumento de los costos del recurso, lo que afecta a toda la población y en particular a los más pobres y sobretodo repercute en las mujeres rurales, urbanas, trabajadoras, trabajadoras del hogar, que son quiénes tienen a su cargo la gestión cotidiana del agua para sus familias.
Las mujeres hacemos uso del agua en todas las tareas que desempeñamos en el ámbito doméstico, la limpieza de los alimentos, su preparación, el lavado de la ropa, el cultivo, la limpieza de la casa, la crianza de animales, el cuido y baño de nuestros hijos e hijas, y muchas otras faenas, que en el ámbito doméstico, son de responsabilidad casi exclusiva nuestra. Por este nivel de implicancia, consideramos que las decisiones sobre este recurso, si se protege o no, si se privatiza o no, si se da el servicio, ya sea domiciliar o por cantareras, si se aumenta o no el costo del servicio, todo ello tiene un fuerte impacto en nuestras vidas, se impacta la economía familiar, impacta en la salud física y emocional, en la seguridad misma de las mujeres.
En nuestro país existe un ensayo de descentralización (privatización), es la experiencia piloto desarrollada en la zona norte de Usulután con la Empresa Tetralogía –SEM, según datos de la investigación-acción realizada con las mujeres de los grupos de Berlín-Mercedes Umaña, nos indica que el costo mensual que tienen que pagar por este servicio dado por esta empresa a la cual ANDA ha concesionado los servicios de administración del recurso; es de $6.34 por casa-habitación. Costo parecido o en muchos casos más altos que los que se pagan en el Area Urbana de San Salvador, tomando en cuenta la situación económica de estas mujeres, cuyas familias son extensas y las fuentes de ingreso familiar suelen recaer prácticamente en una sola persona, ya que el promedio de ingreso por familia ronda los $ diarios, este costo se vuelve impagable e insostenible.
Según la investigadora colombiana Mariela Adela Rivera señala algunas de las consecuencias de la privatización del agua en las mujeres cuando nos plantea que “... en Cochabamba, Bolivia, la privatización del agua ha provocado un aumento indiscriminado en el precio hasta del 200 por ciento, en tanto que en Conakry, Guinea ha sido del 500 por ciento en sólo cinco años, con un grave impacto en la vida de mujeres, niñas y niños desplazados”. Ella explica cómo “...las mujeres jefas de familia de Colombia y Filipinas, donde les cortan el servicio de agua por falta de pago, vuelven a utilizar el agua contaminada, lo que las expone a sufrir graves enfermedades y a dedicar horas al acarreo, además que dejan de invertir en gastos de alimentación, salud o educación para contar con este servicio... ”.
Para analizar de manera más integral cuál es el impacto de los procesos de privatización, es importante considerar además del costo económico, los costos físicos y emocionales que conllevan estos procesos. Las mujeres entrevistadas de Berlín, indicaron que la Empresa Tetralogía raciona el servicio, y que los tiempos en que prestan el servicio, es de cuatro días a la semana, pero durante dos o tres horas en la noche o por la madrugada[1]; obviamente las mujeres consideran excesivo el pago mensual que tienen que dar por el servicio racionado que reciben y por la mala calidad del agua. El tiempo utilizado por las mujeres para abastecerse del servicio conlleva el que ellas se desvelen durante cuatro horas por lo menos, esperando abastecerse de la mayor cantidad de agua posible, para resolver las necesidades domésticas de su familia.
Esta experiencia con el proyecto de descentralización vivida por las mujeres de Berlín-Mercedes Umaña, cuestiona seriamente todas las bondades y supuesta eficiencia que tienen estos proyectos privatizadores. Siendo obvio que lo único que buscan es que las empresas nacionales, pero principalmente las transnacionales se sigan lucrando. Y somos las mujeres las que cargamos con los costos económicos, físicos y emocionales.
Finalmente solo queda hacernos la pregunta si es o no estratégico para las mujeres continuar con la lucha contra la privatización del agua? Esta es una interrogante que para nosotras tiene una respuesta afirmativa, esta lucha es necesaria, si queremos superar los obstáculos que impiden la presencia y participación de las mujeres en otros ámbitos (educativos, laborales, etc.). La problemática que enfrentan las mujeres en relación al agua, nos coloca también en la urgente necesidad de continuar trabajando por exigir el derecho al agua (acceso, calidad y asequible), como uno de los derechos de las humanas más fundamentales.
[1] Estas mujeres señalan que con frecuencia se acuestan pasadas las 23 hrs o tienen que levantarse antes de las 4:00 am para poder llenar todos los recipientes donde almacenan el agua.
Para muchas personas e incluso para algunas feministas, pareciera que la lucha que muchas mujeres estamos dando por la defensa del derecho al agua, no es estratégico, y es visto como poco trascendente. No esta tan claro en dónde, en qué, cómo y por qué nos afecta la privatización. Frente a estas dudas, es preciso ubicar cuál es la situación de las mujeres ante tal problemática.
El sistema patriarcal ha configurado para mujeres y hombres una manera de estar en el mundo, a partir de esta lógica impuesta, a las mujeres se nos asignan casi de manera exclusiva las responsabilidades del trabajo doméstico, y es precisamente desde este rol es que tenemos una estrecha relación con este vital recurso; lo que conlleva a posicionarnos de manera diferente que a los hombres en la relación con el agua. Las mujeres nos relacionamos con el recurso agua tanto en el acceso, el uso y el control del mismo, desde diversos roles, como usuarias, como agricultoras, como amas de casa, como madres (acceso y uso), como administradoras del recurso desde los comités de agua (control, aunque aún es muy baja la participación).
Al hablar de privatización es claro que esto genera un aumento de los costos del recurso, lo que afecta a toda la población y en particular a los más pobres y sobretodo repercute en las mujeres rurales, urbanas, trabajadoras, trabajadoras del hogar, que son quiénes tienen a su cargo la gestión cotidiana del agua para sus familias.
Las mujeres hacemos uso del agua en todas las tareas que desempeñamos en el ámbito doméstico, la limpieza de los alimentos, su preparación, el lavado de la ropa, el cultivo, la limpieza de la casa, la crianza de animales, el cuido y baño de nuestros hijos e hijas, y muchas otras faenas, que en el ámbito doméstico, son de responsabilidad casi exclusiva nuestra. Por este nivel de implicancia, consideramos que las decisiones sobre este recurso, si se protege o no, si se privatiza o no, si se da el servicio, ya sea domiciliar o por cantareras, si se aumenta o no el costo del servicio, todo ello tiene un fuerte impacto en nuestras vidas, se impacta la economía familiar, impacta en la salud física y emocional, en la seguridad misma de las mujeres.
En nuestro país existe un ensayo de descentralización (privatización), es la experiencia piloto desarrollada en la zona norte de Usulután con la Empresa Tetralogía –SEM, según datos de la investigación-acción realizada con las mujeres de los grupos de Berlín-Mercedes Umaña, nos indica que el costo mensual que tienen que pagar por este servicio dado por esta empresa a la cual ANDA ha concesionado los servicios de administración del recurso; es de $6.34 por casa-habitación. Costo parecido o en muchos casos más altos que los que se pagan en el Area Urbana de San Salvador, tomando en cuenta la situación económica de estas mujeres, cuyas familias son extensas y las fuentes de ingreso familiar suelen recaer prácticamente en una sola persona, ya que el promedio de ingreso por familia ronda los $ diarios, este costo se vuelve impagable e insostenible.
Según la investigadora colombiana Mariela Adela Rivera señala algunas de las consecuencias de la privatización del agua en las mujeres cuando nos plantea que “... en Cochabamba, Bolivia, la privatización del agua ha provocado un aumento indiscriminado en el precio hasta del 200 por ciento, en tanto que en Conakry, Guinea ha sido del 500 por ciento en sólo cinco años, con un grave impacto en la vida de mujeres, niñas y niños desplazados”. Ella explica cómo “...las mujeres jefas de familia de Colombia y Filipinas, donde les cortan el servicio de agua por falta de pago, vuelven a utilizar el agua contaminada, lo que las expone a sufrir graves enfermedades y a dedicar horas al acarreo, además que dejan de invertir en gastos de alimentación, salud o educación para contar con este servicio... ”.
Para analizar de manera más integral cuál es el impacto de los procesos de privatización, es importante considerar además del costo económico, los costos físicos y emocionales que conllevan estos procesos. Las mujeres entrevistadas de Berlín, indicaron que la Empresa Tetralogía raciona el servicio, y que los tiempos en que prestan el servicio, es de cuatro días a la semana, pero durante dos o tres horas en la noche o por la madrugada[1]; obviamente las mujeres consideran excesivo el pago mensual que tienen que dar por el servicio racionado que reciben y por la mala calidad del agua. El tiempo utilizado por las mujeres para abastecerse del servicio conlleva el que ellas se desvelen durante cuatro horas por lo menos, esperando abastecerse de la mayor cantidad de agua posible, para resolver las necesidades domésticas de su familia.Esta experiencia con el proyecto de descentralización vivida por las mujeres de Berlín-Mercedes Umaña, cuestiona seriamente todas las bondades y supuesta eficiencia que tienen estos proyectos privatizadores. Siendo obvio que lo único que buscan es que las empresas nacionales, pero principalmente las transnacionales se sigan lucrando. Y somos las mujeres las que cargamos con los costos económicos, físicos y emocionales.
Finalmente solo queda hacernos la pregunta si es o no estratégico para las mujeres continuar con la lucha contra la privatización del agua? Esta es una interrogante que para nosotras tiene una respuesta afirmativa, esta lucha es necesaria, si queremos superar los obstáculos que impiden la presencia y participación de las mujeres en otros ámbitos (educativos, laborales, etc.). La problemática que enfrentan las mujeres en relación al agua, nos coloca también en la urgente necesidad de continuar trabajando por exigir el derecho al agua (acceso, calidad y asequible), como uno de los derechos de las humanas más fundamentales.[1] Estas mujeres señalan que con frecuencia se acuestan pasadas las 23 hrs o tienen que levantarse antes de las 4:00 am para poder llenar todos los recipientes donde almacenan el agua.
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